River no sólo ganó. También dejó señales. En un partido atravesado por lesiones, sobresaltos y momentos de sufrimiento, el equipo de Eduardo Coudet derrotó 2-0 a Gimnasia La Plata en el Monumental y se clasificó a las semifinales del Apertura, donde ahora enfrentará a Rosario Central por un lugar en la final. Pero, más allá del resultado, hubo cinco escenas que explicaron por qué River sigue en carrera.
- Talento: River destrabó el partido gracias a una acción que mezcló jerarquía individual y contundencia. Facundo Colidio recibió por izquierda, dejó atrás a su marcador con un sombrero exquisito y lanzó un centro preciso para Sebastián Driussi. El delantero retrocedió unos pasos, acomodó el cuerpo y sacó un sablazo al ángulo, imposible para Nelson Insfrán.
La jugada volvió a confirmar algo que en Núñez ya parece una certeza: cuando Colidio está bien físicamente y con confianza, River cambia de dimensión. Cada arranque suyo genera desequilibrio, obliga a retroceder defensas y abre espacios para el resto. Su nivel actual lo convirtió en uno de los futbolistas más determinantes del equipo.
- Resiliencia: La noche arrancó torcida incluso antes del pitazo inicial. Gonzalo Montiel sufrió una contractura en el isquiotibial izquierdo y quedó desafectado del encuentro a minutos del comienzo. El problema encendió alarmas porque se trata de la misma zona donde había sufrido un desgarro en marzo.
Como si eso no alcanzara, Marcos Acuña debió abandonar el campo durante el primer tiempo por molestias físicas. En su lugar ingresó Matías Viña. Dos campeones del mundo afuera y un mensaje inevitable para Lionel Scaloni a apenas 33 días del debut en el Mundial 2026.
Sin embargo, River no se desmoronó. El equipo absorbió el impacto emocional y mantuvo la intensidad. Ahí apareció una virtud silenciosa: la capacidad de sobreponerse a los problemas en medio de un partido decisivo.
- Seguridad: Si River terminó la noche con el arco en cero fue, en gran parte, gracias a la actuación de Santiago Beltrán. El arquero respondió cada vez que Gimnasia logró romper líneas.
A los 10 minutos del segundo tiempo, Ignacio Fernández ejecutó un gran centro para Germán Conti, que ganó de cabeza y obligó a una atajada espectacular del arquero “millonario”. Más tarde, a los 43’, Manuel Panaro estrelló otro cabezazo en el palo y Beltrán reaccionó rápido para quedarse con el segundo intento del delantero.
Todavía quedaba una intervención más: ya en tiempo de descuento, el arquero volvió a imponerse en un mano a mano frente a Panaro. Tres tapadas decisivas que dejaron en claro que atraviesa uno de sus mejores momentos y que está preparado para convertirse en héroe cuando River lo necesita.
- Ambición: A los 13 minutos del complemento, Driussi volvió a convertir y parecía liquidar definitivamente el partido. Sin embargo, el lineman anuló el tanto por posición adelantada de Bustos en el inicio de la acción.
Aunque el gol no subió al marcador, la jugada reflejó otra característica del equipo: River no se conformó con la ventaja mínima. Siguió atacando, presionando y buscando profundidad para evitar cualquier reacción rival.
- Personalidad: El segundo gol nació desde atrás, pero con mentalidad ofensiva. Lucas Martínez Quarta inició la jugada cerca del área de Beltrán, avanzó metros con decisión, combinó con Joaquín Freitas y terminó apareciendo dentro del área rival para ganar de cabeza ante la floja salida de Nelson Insfrán.
La escena resumió la personalidad de River: un central que rompe líneas, pisa el área y termina definiendo como delantero. Una acción que mostró convicción y agresividad ofensiva en un momento clave del partido.
River avanzó a semifinales porque tuvo talento, resiliencia, seguridad, ambición y personalidad. Virtudes que explican por qué sigue siendo uno de los grandes candidatos al título.